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Elegir protectores de transporte para caballos que se asustan al viajar

Elegir protectores de transporte para caballos que se asustan al viajar

El sol todavía no asomaba a finales de noviembre cuando el zaino empezó a tironear. El olor a pasto seco y el sudor frío del animal se me pegaban a la cara mientras él clavaba las manos frente a la rampa. Cada vez que sus cascos hacían ese sonido metálico, ese 'clack' seco contra la madera del batán, el bicho temblaba como si le estuvieran pidiendo que saltara a un pozo sin fondo. Ahí me quedé un rato, apoyado en el guardabarros, pensando que muchas veces le echamos la culpa al carácter del animal, cuando en realidad es el equipo el que le está gritando que algo anda mal.

Elegir protectores de transporte no es solo comprar lo más caro que sale en el catálogo. Para un caballo que ya de por sí le tiene idea al viaje, ponerle encima un par de botas rígidas que le impiden doblar bien las patas es como pedirle a un cristiano que corra una maratón con los zapatos atados entre sí. He visto a muchos paisanos y dueños de caballos de ciudad cometer el mismo error: llenar al animal de goma y lona pensando que así va más seguro, sin darse cuenta de que el exceso de bulto es, a veces, el primer paso hacia el pánico.

La fuerza de los materiales y el peso de la tradición

En el campo, antes, nos arreglábamos con unas vendas de descanso y unos pedazos de arpillera. Mal no nos iba, pero hay que reconocer que la tecnología tiene su razón de ser cuando se usa con criterio. Hoy te venden protectores con una resistencia del tejido exterior de 1200 deniers, que básicamente significa que podés arrastrar la bota por el ripio y no se va a rajar. Ese material, un nailon tipo ripstop, es fundamental si tenés un caballo que suele manotear o que se pisa solo cuando el camión agarra una curva cerrada.

Primer plano de las patas de un caballo sobre la rampa de madera de un remolque

Durante las primeras heladas de julio, estuve probando unos protectores modernos en una yegua bastante delicada. Lo que uno busca es que el acolchado, ese grosor del acolchado que suele andar por los 20 milímetros de espuma de alta densidad, sea capaz de absorber un golpe seco sin que el animal sienta que le partieron la caña. Pero ojo, que acá viene el asunto: si el protector es muy rígido de abajo hacia arriba, el caballo pierde la noción de dónde tiene los pies. Y un caballo que no siente el suelo es un caballo que entra en crisis en cuanto el camión arranca.

El error de apretar de más por miedo

He visto esto mil veces en las clínicas de comportamiento que chusmeo por internet y en los corrales de los vecinos. El dueño, nervioso porque el caballo no quiere subir, empieza a ajustar los abrojos (el velcro, le dicen ahora) como si quisiera hacerle un torniquete. Creen que si el protector está bien apretado, el caballo va a estar más 'firme'. Es al revés. El reflejo de huida de un equino se activa mucho más rápido cuando siente una presión constante y sin alivio, especialmente en la zona de la corona del casco.

Recuerdo una tarde de lluvia el mes pasado, intentando cargar un potrillo que nunca había viajado. El dueño le había puesto unos protectores altísimos que le llegaban hasta el corvejón y la rodilla, pero se los había ajustado tanto que el pobre animal caminaba como si tuviera las patas entablilladas. Lo vi tropezarse solo, sin que nadie lo empujara, simplemente porque no tenía libertad de movimiento en las articulaciones. Fue un momento de esos en los que uno se siente un poco zonzo por no haber intervenido antes. Le sacamos ese armatoste, le pusimos algo más liviano, y el bicho subió como si nada. A veces, la seguridad que nosotros imaginamos es la cárcel que ellos temen.

El calor y el ruido: los enemigos silenciosos

Después de tres viajes largos este invierno, me puse a observar cómo bajaban los animales. Muchos vienen transpirados, pero no de nervios, sino de calor en los remos. Los tendones flexores del caballo son delicados; si el material del protector no respira y los mantiene a una temperatura excesiva por más de dos horas, estamos comprando un problema de salud a futuro. El calor debilita las fibras, y un viaje de cuatro horas con botas de mala calidad puede ser peor que un galope fuerte en terreno pesado.

Manos curtidas ajustando un protector de transporte de alta resistencia en un caballo

Y ni hablemos del ruido. El sonido del velcro al despegarse es, para muchos caballos reactivos, como el siseo de una serpiente. Si tenés un caballo que ya viaja mal, y encima cada vez que te acercás a acomodarle el equipo hacés ese '¡shhhick!' fuerte cerca de sus orejas o de sus patas, lo único que hacés es cargarle la batería para que explote adentro del tráiler. Yo siempre recomiendo desensibilizar al animal con el ruido del equipo días antes de siquiera pensar en mostrarle la rampa.

Menos es más para el caballo reactivo

Acá es donde mi experiencia en el campo se pelea un poco con lo que dicen los manuales de las tiendas elegantes. Si tenés un caballo que entra en pánico cuando se siente encerrado o restringido, los protectores voluminosos y altos pueden ser tu peor enemigo. Para esos casos, a veces una protección mínima y ligera es la solución. He visto caballos que viajan mil veces mejor con unas campanas simples y unas vendas livianas que con esas botas que parecen de astronauta. Al reducir la sensación de restricción constante, el animal se siente más dueño de sus movimientos y, por ende, más tranquilo.

No se trata de dejarlo desprotegido, se trata de elegir qué batallas pelear. Si el caballo se desespera porque siente algo que le roza el encuentro o que no lo deja flexionar bien el corvejón, va a terminar golpeándose más fuerte por el forcejeo que por el viaje mismo. Es una cuestión de equilibrio que solo te da el tiempo de observar al animal en el corral, sin apuro.

Caballo asomándose tranquilamente desde el interior de un remolque de madera en el campo

Por supuesto, si el problema del caballo es un miedo profundo que no se arregla con equipo, siempre es bueno mirar otras opciones. En su momento escribí algo sobre los mejores tranquilizantes naturales para caballos con estrés en el manejo que tal vez te sirva para esos primeros viajes donde el bicho todavía no entiende que el camión no se lo va a comer. Pero recordá: nada reemplaza a la paciencia.

La tecnología al servicio del tiempo

Al final del día, podés tener los protectores de 1200 deniers más caros del mundo, pero si no respetás el tiempo que el caballo necesita para entender el proceso, tiraste la plata. La tecnología del equipo actual es una maravilla cuando sirve para darnos un margen de seguridad, pero no es un sustituto de la doma racional. Un protector debe ser un seguro contra accidentes, no una armadura para obligar a un animal a hacer algo que lo aterroriza.

Yo siempre digo que hay que mirar al caballo cuando baja del viaje. Si baja relajado, si no tiene los tendones hirviendo y si no se lastimó los puntos de apoyo como el corvejón y la rodilla, entonces elegiste bien. Si baja como si viniera de una guerra, algo en tu elección de equipo o en tu forma de cargar está fallando. Y ojo, que yo no soy veterinario ni tengo títulos colgados en el galpón; lo que te digo es lo que aprendí a los golpes y mirando a los viejos que sabían de verdad. Si ves que tu caballo tiene un dolor raro o camina distinto después de un viaje, no andes adivinando y llamá a un profesional que sepa de anatomía de verdad.

El campo me enseñó que el silencio y la observación valen más que cualquier curso de comportamiento que puedas pagar, aunque sigo haciéndolos porque siempre hay algo nuevo que aprender. La próxima vez que vayas a comprar protectores para ese caballo que 'se porta mal' en el viaje, preguntate si no será que simplemente se siente atrapado en un equipo que no entiende. A veces, soltar un poco es la mejor forma de sujetar.

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