Rienda Viva

Invertir en entrenamiento de comportamiento equino frente a equipo costoso

Invertir en entrenamiento de comportamiento equino y doma racional frente a equipo costoso: jinete evaluando a su caballo en el corral

Tres veces le pegué en el flanco a ese colorado antes de aflojar la mano y preguntarme qué estaba haciendo mal. El animal se había plantado en la rampa del embarcadero, en Cruz del Eje, con las cuatro patas clavadas como postes, y yo, fusta en mano, pensé que un poco más de fuerza lo iba a hacer entrar. No entró. Se paró más rígido todavía, y ahí entendí que el problema no era el caballo: era yo, tirando de un método que no tenía ni pizca de comportamiento equino ni de psicología del caballo detrás.

Hay un mito instalado entre la gente de campo y también entre los que recién empiezan con caballos: que el bocado más duro, la rienda más cara o la montura de mejor cuero van a arreglar lo que al caballo le falta en la cabeza. Yo mismo lo creí durante buena parte de mi vida trabajando con caballos difíciles. Y es mentira. La doma racional no pasa por el metal que uno le pone en la boca, pasa por entender la psicología equina de cada animal antes de que se plante, se resista o directamente se vaya para atrás.

Antes de seguir, la verdad de frente porque acá no escondo nada: más adelante menciono un curso que miré con mis propios ojos, y si usted termina comprándolo me queda una comisión del 45%, la que paga el programa, sin que a usted le salga un peso más caro. No recomiendo nada que no haya probado en el corral o que no sostenga años de ver caballos de cerca. Si un método no aguanta un tirón de verdad, ni entra en este texto.

El mito del freno que arregla el comportamiento equino

Cuando alguien me para en el alambrado con un caballo que "no entiende", lo primero que suele mostrarme es el equipo: un freno nuevo, una rienda gruesa, a veces hasta un bozal especial que le vendieron como solución milagrosa. El acero brilla, eso es cierto. Pero el brillo no tapa el miedo, y un caballo asustado con un bocado más severo en la boca no se vuelve más obediente, se vuelve más peligroso, porque ahora tiene una razón más para desconfiar de la mano que lo sostiene.

Freno y rienda de cuero colgados, símbolo del gasto en equipo costoso antes de entender el comportamiento equino

Bajo esa lógica hay algo que vale la pena mirar con calma antes de gastar: elegir el freno para caballos con problemas no es cuestión de comprar el más fuerte, sino de entender primero por qué el animal reacciona como reacciona. Eso ya lo desarrollé en otro texto y no lo voy a repetir acá, pero lo dejo dicho porque es el primer lugar donde la plata suele irse mal gastada.

El conocimiento rinde más que el acero

Acá está el corazón del asunto, y es simple aunque a nadie le guste escucharlo: el equipo se deprecia, el conocimiento no. Una montura buena, con el uso, el sol y el sudor, se raja, se estira, pierde forma. Un freno se puede perder, prestar y no volver, oxidarse si uno lo deja tirado donde no corresponde. Lo que uno aprende sobre cómo piensa un caballo, en cambio, no se gasta con los años ni se lo lleva otro cuando cambia de mano. Se queda con usted y sirve para el próximo caballo, y para el que viene después de ese.

Ahí está la diferencia entre una inversión y un gasto. El gasto en equipo resuelve, en el mejor de los casos, un problema puntual con un animal puntual. La inversión en entender comportamiento equino se paga sola cada vez que agarra un caballo nuevo, prestado, comprado o heredado de alguien que ya no monta. Uno no vuelve a arrancar de cero cada vez. Eso es retorno de verdad: no es una cifra en un papel, es la cantidad de vueltas que no tiene que dar la próxima vez que un caballo se le planta o se le pone difícil.

Hace un tiempo, más que nada por curiosidad, terminé mirando el curso La Mente Equina de 0 a 100, para ver si el método de pantalla tenía algo que decirme a un tipo que aprendió casi todo a los tirones. Ahí tocan, entre otras cosas, el juego de la presión y el alivio, ese soltar en el momento justo para que el caballo entienda que hizo lo correcto, aunque eso da para otro texto aparte. También se meten con la lectura del lenguaje corporal, algo que a mí me llevó no sé cuántos sustos entender medio bien, y que ahí lo explican con una lógica bastante más ordenada que la que yo tenía en la cabeza.

Caballo mostrando las orejas y el lenguaje corporal durante un ejercicio de psicología equina en el potrero

Lo que sí cambia un caballo de verdad

Lo que realmente cambia a un caballo no es el metal, es la lectura que uno hace de él antes de que las cosas se compliquen. Mi vecino Segundo Páez, que no tiene paciencia para nada y quiere el resultado ya, aprendió esto rápido el día que le expliqué el porqué detrás de un ejercicio simple de ceder el espacio, sin tocar al animal. Antes de esa charla discutía con su bayo cada vez que se le acercaba al corral. Después fue él mismo el que me paró en el alambrado para decirme que hacía rato no lo veía tirar coces cuando alguien entraba a buscarlo. No fue magia ni fue ningún freno nuevo. Fue que entendió qué información le estaba dando el cuerpo del animal antes de que la cosa escalara.

La regla que le doy a cualquiera que me pregunta es esta: antes de comprar equipo nuevo, párese un buen rato a mirar a su caballo sin pedirle nada. Fíjese qué hace con las orejas, con la cola, con el peso entre las cuatro patas cuando alguien se acerca. Si no sabe leer esas señales, ningún freno se las va a traducir por usted.

Equipo cuidado versus equipo caro

No voy a decir que el equipo no importa nada, porque sería mentira y de las tontas. Una cincha que no ajusta bien, un bocado desparejo o una montura que lastima el lomo son problemas reales, y ahí sí hay que gastar sin vueltas, porque eso genera dolor, y el dolor es cuestión de bienestar animal, no de comportamiento. La plata bien puesta en equipo cuidado y ajustado es la base; lo que critico es la idea de que un equipo más caro reemplaza el trabajo de entender al animal.

Hace poco un lector, Oliverio Cuevas, me escribió con la historia completa de su alazán, que se negaba a subir al remolque cada vez que tocaba trasladarlo. Ya había probado bocados distintos y hasta una rienda especial que alguien le recomendó en la talabartería, sin resultado. No tiró la toalla, y eso hay que reconocérselo, porque siguió probando hasta que dejó el tema del equipo de lado y se puso a mirar qué estaba pasando con el animal antes de llegar al remolque. Ese cambio de enfoque, más que cualquier bocado nuevo, fue lo que finalmente movió la aguja.

Aclaro esto porque es importante: no soy veterinario ni tengo título de ninguna escuela de doma, todo lo que cuento acá sale de años de estar cerca de caballos difíciles. Si el suyo está rengo, decaído o se comporta distinto a lo normal, la psicología no reemplaza a un profesional — ahí hay que llamar a alguien con matrícula, no seguir leyendo blogs.

Es la misma lógica que aplico cuando alguien me pregunta qué mirar antes de comprar un caballo para el trabajo pesado de campo: primero temperamento y disposición, recién después pedigrí o cuero.

Jinete trabajando a pie con un caballo aplicando doma racional y bienestar animal antes de montar

Por eso, antes de gastar en aperos, siempre recomiendo mirar los mejores cursos de psicología equina disponibles, no por moda, sino porque ahí es donde se resuelve el problema de raíz.

La Mente Equina de 0 a 100

Después de probarlo a fondo con distintos caballos en el corral, puedo decir que lo que enseña La Mente Equina de 0 a 100 y lo que enseña el campo se dan la mano más de lo que uno esperaría. El curso está armado con orden y se repasa a su ritmo, sin horarios fijos, pero no se equivoque: el trabajo de verdad lo hace usted, con las manos, con el animal delante, no mirando una pantalla. Ningún curso monta el caballo por usted.

Si está dudando entre ese freno nuevo que vio en la talabartería o poner esa plata en entender cómo piensa su caballo, la respuesta para mí es clara desde hace rato. El cuero se pudre, el acero se raya, pero saber leer una oreja o un cambio de peso le puede evitar un mal momento el día que menos lo espera. Si quiere empezar a entender de verdad lo que pasa por la cabeza de su caballo, dele una mirada a La Mente Equina de 0 a 100: no le va a resolver el problema solo, pero le va a dar con qué empezar a resolverlo usted mismo.

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