Rienda Viva

Cómo elegir la mejor montura de campo para largas jornadas de trabajo

Montura criolla lista para una jornada larga de equitación de trabajo en el campo cordobés

Cambié el freno demasiadas veces de un caballo que en realidad necesitaba otra montura. Perdí bastante tiempo por esa confusión antes de entender que en la equitación de trabajo casi nada tiene que ver con la maña. Cada vez que aparecía un resabio nuevo, mi primera movida era probar un bocado distinto, pensando que el problema estaba en la boca del animal y no en lo que le estaba clavando en el lomo. Nunca funcionó del todo: la maña volvía disfrazada de otra cosa, tarde o temprano, y ahí entendí que el bienestar equino empieza mucho antes de subirse arriba.

La equitación de trabajo en el campo exige jornadas largas, y ahí el bienestar equino deja de ser un tema de folleto para convertirse en algo que se nota en el lomo del caballo al final del día. En la doma argentina hay una costumbre vieja de echarle la culpa al animal — que es bruto, que nació con maña — cuando el problema casi siempre anda por otro lado: monturas criollas mal calzadas, cinchas apretadas de más, o un freno que nunca fue el verdadero culpable. Entre mate y mate reviso varios cursos de comportamiento equino que andan dando vuelta por internet, y los que valen la pena son justamente los que enseñan a mirar el equipo tanto como al animal, no solo técnicas de manejo.

El mito que confunde el dolor con la maña en la equitación de trabajo

Zulema Ferreyra, una jinete de paseo de Córdoba capital que me escribe seguido, me contó hace poco que su yegua empezó a pinchar las orejas cada vez que la veía llegar con el recado en la mano. Antes de darle ninguna opinión le pregunté por la cincha: en qué agujero la dejaba, si entraba la mano sin forzar. No fue casualidad — la yegua no tenía mal genio, estaba avisando que algo le dolía. Después me contó que compartió la conclusión con su grupo de equitación, y que más de una se reconoció en la misma historia.

Lo que los paisanos viejos llamaban "calzar bien" se parece bastante a lo que hoy la biomecánica anda estudiando con otras palabras, aunque yo prefiero quedarme con el ojo y la mano antes que con el diagrama. Saber leer lo que el cuerpo del caballo cuenta antes de sacar conclusiones evita muchas peleas injustas con el animal — un caballo que pincha orejas, se planta o corcovea casi siempre está hablando, no desafiando. Y en el fondo toda la doma se maneja con presión y alivio: si la montura aprieta donde no debe, el caballo va a contestar con el único idioma que tiene, que es el cuerpo.

Bastos de un recado criollo mostrando el canal para el lomo, clave del bienestar equino

El acolchado extra no es la solución

Adelina Saravia, que tiene una tropilla chica para turismo rural, desconfía de cualquier método que le pida comprar equipo especial antes de mirar lo que ya tiene — y en esto le doy toda la razón. Se vende mucho la idea de que cuanto más acolchada la montura, mejor va a estar el caballo. Casi siempre es al revés: un acolchado blando se aplasta con el uso, junta calor y termina generando puntos de presión donde antes no había nada. Un basto firme, bien calzado, reparte la carga mejor que un sillón relleno de espuma.

La doma a la fuerza tapaba estos problemas nomás por un rato — el caballo se quedaba quieto porque no le quedaba otra, no porque estuviera cómodo — mientras que la doma racional deja ver el problema antes de que se arme un vicio de verdad. Y ahí la montura empieza a pesar tanto como la mano del jinete: un equipo que lastima va a arruinar meses de trabajo paciente en un par de jornadas.

Revisión a mano del calce entre la montura criolla y el lomo antes de ensillar

Cómo probar el calce antes de ensillar

Para saber si una montura calza, lo de siempre: se apoya sin nada abajo y se mira si los bastos tocan parejo de punta a punta, sin huecos ni bamboleo. Si hay un hueco, ahí se va a concentrar el peso, y ese va a ser el primer lugar donde aparezca una matadura.

Con la cincha pasa lo mismo: si no entra la mano plana sin forzar, está apretando de más, y un caballo apretado de más se cansa antes y se pone nervioso — a veces un animal que parece necesitar tranquilizantes naturales lo único que necesita es que le aflojen la cincha.

Ajuste de la cincha de cuero dejando pasar la mano, prueba de bienestar equino antes de salir a trabajar

Un corral redondo bien armado ayuda a mirar estos detalles con más calma que a campo abierto, aunque tampoco hace milagros por sí solo sin el ojo entrenado detrás. Y ya que hablamos de gastar bien la plata: casi siempre rinde más invertir en la formación propia que en comprar equipo carísimo pensando que eso solo va a arreglar las cosas. Lo mismo vale si anda buscando un caballo nuevo para el trabajo pesado del campo — la forma en que se mueve bajo la montura dice tanto como cualquier pedigrí.

El freno rara vez es el problema real

Volviendo a lo de más arriba: durante años, cada vez que un caballo se ponía difícil, mi primera reacción era probar un bocado distinto, como si el problema viviera en la boca y no en lo que cargaba el lomo. Antes de pensar en cambiar el freno para un caballo con problemas de conducta, conviene revisar primero si el asiento no le está rompiendo la espalda. Me acuerdo de una tarde cerca de Cruz del Eje, con un animal que veníamos corrigiendo hacía rato: salimos a campo abierto y caminaba suelto, sin tironear para volver al palenque como hacía siempre. Ahí quedó claro que nunca había sido cuestión de genio.

El mejor recado no es el más caro ni el más nuevo: es el que desaparece bajo el jinete y deja que el caballo trabaje sin dolor. Si su animal se pone difícil al ensillar, revise primero el equipo antes de ponerle un nombre feo al carácter del bicho. En treinta años a caballo aprendí que casi todo lo que parece maña, mirado de cerca, resulta ser una queja con otro nombre.

No soy veterinario ni tengo diploma colgado en la pared, así que si ve una renguera que no se va o un bulto raro en el lomo, no ande probando por su cuenta — consulte a un profesional. Lo que cuento acá es lo que fui aprendiendo a fuerza de errar con caballos de carne y hueso, no una receta cerrada.

Artículos relacionados